“La salud no lo es todo, pero sin ella, todo lo demás es nada” -Arthur Schopenhauer
Imagina que tu columna vertebral tiene su propia personalidad, con curvas que a veces se comportan como una “C” o una “S”. Eso es, en esencia, lo que ocurre en la escoliosis idiopática adolescente (EIA): una deformidad tridimensional de la columna vertebral caracterizada por una curvatura lateral de al menos 10º medida con ángulo de Cobb.
Aparece entre los 10-18 años sin que nadie sepa exactamente por qué y su prevalencia varía entre un tímido 0,5% y un generoso 5,2% de adolecesdentes, siendo más frecuente en chicas.
Cuando acuden a consulta, lo que suele llamar más la atención son pequeñas señales como hombros, cintura o caderas asimétricos o la prominencia costal al inclinarse hacia delante (test de Adams). La mayoría de los casos son asintomáticos, especialmente si la curva es leve (<20º). Sin embargo, algunos si pueden presentar cuadros de dolor musculoesquelético.
NO TODAS LAS CURVAS SON IGUALES
La progresión de la escoliosis no es lineal, y su riesgo aumenta en situaciones muy concretas:
- Periodos crecimiento rápido o estirones («peak height velocity”).
- Curvas grandes en el momento del diagnóstico.
- Adolescentes con inmadurez esquelética (Risser 1).
- Curvas torácicas.
De hecho, dos de cada tres adolescentes con EIA experimentan alguna progresión durante su crecimiento. La buena noticia: las curvas <30º al final del crecimiento rara vez se agravan en la edad adulta. Curvas >40-50º son más problemáticas, pudiendo afectar a la estética, bienestar psicológico, e incluso a la función pulmonar si superan los 50-70º.
CORSÉ Y CIRUGÍA: LAS DOS GRANDES ARMAS
El corsé es la primera línea de defensa para curvas entre 25-45ª en adolescentes en crecimiento. La cirugía entra en juego en escenarios más extremos donde las curvas tienen tendencia a progresar: >45º en adolescentes con inmadurez esquelética o >50º cuando han alcanzado la madurez ósea.
Las guías SOSORT y SRS son cristalinas:
- Observación: curva <20º.
- Corsé: curva 25-45º.
- Cirugía: curva >50º o progresión rápida.
ADAPTACIONES MUSCULARES: LA COLUMNA TIENE MEMORIA
La musculatura del tronco presenta adaptaciones asimétricas en morfología, composición y patrón de activación.
- Lado convexo: mayor volumen muscular y proporción de fibras tipo 1, así como hiperactividad muscular.
- Lado cóncavo: atrofia muscular, mayor infiltración grasa, menor proporción de fibras tipo 1 e hipoactividad muscular.
Estudios electromiográficos muestran que los erectores espinales y los multífidos se activan antes y con mayor intensidad en el lado convexo, especialmente en el ápex de la curva, en comparación con el lado cóncavo.
Además, la musculatura superficial de la espalda presenta una mayor rigidez bilateral y una disminución de la elasticidad en el lado cóncavo, lo que puede afectar a la biomecánica espinal.
NO SÓLO SE PRODUCEN ADAPTACIONES MUSCULARES…
Los discos intervertebrales no crecen de forma simétrica, sino que se puede observar una torsión tridimensional aumentada, con un crecimiento anterior excesivo y cuñas coronales, especialmente en el ápex de la curva. Cuanto mayor sea el ángulo de Cobb, más marcadas serán estas alteraciones.
Es habitual encontrar una cifosis torácica reducida, lordosis lumbar aumentada y una menor inclinación pélvica.
El ángulo espinopélvico cobra aquí especial importancia ya que es un indicador crítico que debe valorarse antes de una posible cirugía. Una disminución de la inclinación pélvica puede representar un mecanismo compensatorio temprano y un posible marcador de riesgo de progresión, principalmente en curvas lumbares.
¿QUÉ OTROS FACTORES PUEDEN INFLUIR EN LA PROGRESIÓN DE LA CURVA?
- Las curvas torácicas, con alta rotación vertebral apical y baja inclinación pélvica presentan un mayor riesgo.
- Los cambios dinámicos de la inclinación pélvica y la cifosis torácica pueden predecir la progresión y guiar intervenciones tempranas.
- El desajuste entre la incidencia pélvica y la lordosis lumbar (>9º) se asocia con menor calidad de vida, mayor dolor, fatiga y discapacidad, incluso décadas después de la cirugía.
¿Y QUÉ PASA CON EL DOLOR?
El dolor en EIA es más común de lo que parece: se estima entre un 23% y un 68% de los casos. Generalmente suele corresponderse con el ápice la curva, y en la mayoría de los casos, es de origen musculoesquelético.
La buena noticia: rara vez genera discapacidad funcional grave o se relaciona con patología subyacente. Ahora bien, hay factores que pueden agravar el dolor:
- Curvas de mayor magnitud, sobre todo en la región torácica y lumbar.
- Mala autoimagen corporal.
- Depresión, insomnio o catastrofismo frente al dolor.
- Curvas con mayor rotación apical lumbar y menor lordosis, que se asocian con el desarrollo de dolor lumbar.
Hay señales de alerta que no debemos pasar por alto: dolor torácico izquierdo, déficit neurológico o curvas con patrón atípico. Ante estas características, la derivación médica es prioritaria.
El abordaje conservador es la primera línea de tratamiento para este dolor. Incluye educación tanto al paciente como a su familia, terapia manual, ejercicio, analgésicos y, si es necesario, el uso de corsé. Pero no basta con mirar la curva: es crucial atender también a los factores psicosociales (depresión, ansiedad, catastrofismo…) pueden intensificar el dolor y empeorar la calidad de vida.
“Porque el dolor no se mide solo en grados de Cobb, también se mide en cómo impacta en la vida diaria de quien lo sufre”
Andrea Morcillo Cornejo
Miembro del Grupo de Investigación en el Estudio y Manejo Integral del Dolor de la Universidad Europea
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