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Endometriosis, dolor crónico y fertilidad: Una mirada integradora

By abril 27, 2026No Comments

La endometriosis es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta aproximadamente al 10% de las mujeres en edad reproductiva y se caracteriza por la presencia de tejido endometrial fuera de la cavidad uterina. Este tejido ectópico conserva la capacidad de responder a las hormonas del ciclo menstrual, lo que genera sangrado, inflamación y dolor. Con el tiempo, este proceso se vuelve persistente, provocando la aparición de dolor pélvico crónico y alteraciones en la función reproductiva. Aproximadamente el 90 % de las mujeres diagnosticadas con endometriosis tienen dolor pélvico, el 50 % informa de fatiga de moderada a grave, y el 26 % experimenta infertilidad.

Desde una perspectiva fisiopatológica, la endometriosis es resultado de un complejo entramado de factores hormonales, inmunológicos, inflamatorios y neurológicos.

Las lesiones endometriósicas liberan mediadores proinflamatorios como interleucinas (IL-1β, IL-6, IL-8), factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α) y prostaglandina E2 (PGE2), los cuales activan terminaciones nerviosas locales y amplifican las señales dolorosas. Este fenómeno, conocido como sensibilización periférica, contribuye a que estímulos normales sean percibidos como dolorosos. Con la progresión del proceso inflamatorio, las vías nerviosas del dolor en la médula espinal y el cerebro sufren cambios adaptativos que generan sensibilización central, consolidando el dolor incluso en ausencia de estímulos directos.

Este estado de hiperactivación del sistema nervioso explica por qué muchas pacientes continúan experimentando dolor tras la extirpación quirúrgica de las lesiones. Además, el fenómeno de neuroangiogénesis (el crecimiento conjunto de nervios y vasos sanguíneos en las lesiones) aumenta la densidad nerviosa y perpetúa la estimulación nociceptiva. A su vez, la comunicación nerviosa entre órganos pélvicos, como el útero, la vejiga y el colon, produce sensibilización cruzada, lo que explica la alta prevalencia de comorbilidades como el síndrome del intestino irritable o la vejiga dolorosa en mujeres con endometriosis.

Todo ello convierte a la enfermedad en un trastorno multisistémico más que en una simple afección ginecológica.

Las alteraciones inflamatorias y hormonales que sustentan el dolor también interfieren con la fertilidad. En el endometrio, la inflamación persistente puede alterar la expresión de genes asociados a la receptividad uterina, dificultando la implantación del embrión. Asimismo, se ha observado una resistencia a la progesterona, lo que impide la adecuada maduración del endometrio y reduce la probabilidad de embarazo.

En los ovarios, los endometriomas y el microambiente inflamatorio comprometen la calidad ovocitaria y reducen la reserva ovárica, medida por los niveles de hormona antimülleriana (AMH). Incluso, los procedimientos quirúrgicos necesarios para tratar los quistes pueden agravar esta pérdida, afectando la respuesta a tratamientos de fertilidad como la fecundación in vitro (FIV).

En este contexto, se ha propuesto una conexión entre la endometriosis, el dolor crónico y el eje hipotalámico-hipofisario-suprarrenal (HPA). El dolor persistente y el estrés emocional asociado a la enfermedad activan de forma continua este eje neuroendocrino, elevando la secreción de cortisol y otras hormonas del estrés. Aunque el cortisol tiene un papel antiinflamatorio a corto plazo, su liberación prolongada altera la regulación inmunitaria, favorece un estado inflamatorio de bajo grado y puede interferir con la función ovárica y la ovulación. Además, el estrés crónico y la disfunción del HPA afectan la producción de gonadotropinas (LH y FSH), modificando el equilibrio hormonal necesario para la maduración folicular y la receptividad endometrial. Así, la hiperactivación del eje HPA no solo amplifica la percepción del dolor (al sensibilizar las vías nociceptivas), sino que también puede contribuir indirectamente a la subfertilidad al desregular el entorno hormonal y reproductivo.

En conjunto, la endometriosis constituye un ejemplo paradigmático de cómo una enfermedad inflamatoria puede entrelazar dolor, disfunción neuroendocrina e infertilidad en un mismo proceso sistémico. Los avances recientes en neurociencia, inmunología e imagen médica están permitiendo comprender con mayor precisión estas interacciones, lo que abre el camino hacia tratamientos personalizados que aborden no solo las lesiones físicas, sino también las dimensiones neurológicas y hormonales de esta enfermedad. Replantear la endometriosis como una enfermedad de red, donde el sistema inmune, endocrino y nervioso actúan en conjunto, es clave para mejorar la calidad de vida y la salud reproductiva de las mujeres que la enfrentan.

Eva Rodríguez Lorenzo

Miembro del Grupo de Investigación en el Estudio y Manejo Integral del Dolor de la Universidad Europea

 

Referencias Bibliográficas

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