Quizás el título de este blog es un poco duro, pero es algo que nos encontramos en el día a día de consulta y me gustaría poder dar respuesta a alguna de las incógnitas por las que pasa el dolor oncológico, sobre todo cuando está asociado a síntomas musculoesqueléticos.
Lo primero hay que aclarar que el termino cáncer hace referencia a la forma de algunos tumores sólidos y que, si hablamos de la alteración de la proliferación, diferenciación y la supervivencia celular estaríamos hablando de una neoplasia o comúnmente conocido como “cáncer maligno”.
Las cifras actuales en relación con el cáncer, sin duda, son alarmantes ya que según la evidencia el 40% de las personas seremos diagnosticadas de cáncer en algún momento de nuestra vida. En el 2020 se encontraron a nivel mundial 18 millones de nuevos casos de cáncer y esta cifra se estima que puede llegar a 28 millones en el año 2040.
La prevalencia de estas enfermedades puede verse comprometida por factores endógenos o exógenos. Entre los factores endógenos tenemos los físicos, como pueden ser la irritación mecánica o las radiaciones. Los químicos por exposición a sustancias que se han relacionado con la aparición de algunos tipos de neoplasias como el tabaco, benceno, cromo entre otros. Por último, los biológicos que normalmente están relacionado con la exposición a algunos tipos de virus, hongos o parásitos.
Una pregunta importante y que es motivo de este blog es si las personas que desarrollan esta enfermedad cursan o no con dolor.
Pues la evidencia expone que más del 50% de las personas que son sometidas a tratamientos contra el cáncer experimentan algún cuadro de dolor, siendo esta cifra por encima de los dos tercios en el caso de cáncer metastásico. Otros estudios, pone de manifiesto la alta prevalencia de este síntoma en supervivientes de la enfermedad. Estos datos ponen de manifiesto que el dolor es una característica común de los pacientes con cáncer, que asociado a las secuelas de los tratamientos oncológicos va a tener que ser un foco para los profesionales encargados de la calidad de vida de estas personas.
Una de las causas principales de este dolor, con una prevalencia que llega hasta el 60%, es el dolor muscular vinculado al síndrome de dolor miofascial. Presenta un aumento de síntomas en aquellas zonas con mayores demandas mecánicas, que pueden verse exacerbadas si están presentes las variables sedentarismo o el estado nutricional.
Uno de los cánceres más frecuentes es el cáncer de mama, que es una neoplasia que se origina a partir de células mamarias y que tiene cierta tendencia a hacerse metastásico. Es la segunda causa de muerte por cáncer en mujeres, superado solo por el cáncer de pulmón. Entre los síntomas más habituales están los bultos en la mama, cambios en la piel, secreciones en el pezón y síntomas musculoesqueléticos entre los que nos encontramos el dolor de hombro y dolor en el brazo.
Otro de los riesgos de este tipo de cáncer es el riesgo de linfedema que pueden desarrollar algunos pacientes que cursan con la enfermedad y que puede convertirse en un factor de riesgo en el desarrollo de dolor de hombro.
Además, existen otros factores relacionados con el dolor de hombro vinculado al cáncer de mama como la posible afección del nervio supraescapular. Por contextualizaros, se encarga de inervar los músculos supraespinoso e infraespinoso, responsables de la abducción y rotación externa del hombro. En ocasiones podemos encontrar cierta compresión del mismo, lo que lo correlaciona con el dolor y la debilidad funcional del miembro superior.
Por otro lado, debemos tener en cuenta el efecto de los fármacos utilizados en el tratamiento de la enfermedad ya que uno de los síntomas más habituales es el dolor y la rigidez articular que en muchas ocasiones termina considerándose una secuela o síntoma a largo plazo del tratamiento oncológico.
Asimismo, y teniendo en cuanta lo mencionado anteriormente nos encontramos que muchas de las alteraciones fisiológicas de nuestro sistema musculoesquelético pueden estar correlacionadas o convertirse en un factor de riesgo de padecer dolor musculoesquelético. Entre estas alteraciones tenemos los defectos en la actividad electromiografía, alteraciones de la coordinación intermuscular e intramuscular, descenso del tono muscular y la reducción por dolor de la actividad física que puede ver aumentado todos estos factores.
¿Qué efecto tendrá el ejercicio en estos cuadros clínicos? ¿Pueden los pacientes con cáncer de mama hacer ejercicio? ¿Solo podrán hacer ejercicio aeróbico o pueden hacer entrenamiento de fuerza?
Con el objetivo de no dilatar mucho más esta entrada desarrollaremos esta parte en una segunda parte.
“El ejercicio es clave para la salud física y de la mente.”
Nelson Mandela.
Carlos Barragán Carballar
Fisioterapeuta
Miembro del Grupo de Investigación en Dolor Musculoesquelético y Control Motor de la Universidad Europea

