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Biomarcadores en dolor crónico

By marzo 5, 2024marzo 28th, 2025No Comments

Los marcadores inflamatorios son sustancias que se liberan en el cuerpo en respuesta a una lesión o infección. Existen diversos tipos de marcadores, como bioquímicos o moleculares y genéticos. Estos marcadores pueden ser de gran utilidad como posibles herramientas que ayuden a mejorar la comprensión, diagnóstico y tratamiento de los pacientes con dolor crónico musculoesquelético. En el contexto del dolor musculoesquelético, los estudios publicados se han enfocado en marcadores inflamatorios, como la proteína C reactiva (PCR) y citocinas proinflamatorias como el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-alfa). Estos biomarcadores pueden proporcionar información valiosa sobre la presencia de procesos inflamatorios subyacentes que contribuyen al dolor crónico. De hecho, diversos estudios han mostrado, que en patologías como la fibromialgia, los niveles de ciertas proteínas inflamatorias se encuentran elevados (1). Esto se evidencia en una revisión sistemática publicada recientemente que concluye que estos pacientes presentan niveles elevados de IL-1β, IL-6, IL-8 y TNF-α (1). Además, otro estudio muestra que los niveles de IL-10, IL-17A, IL-2, IL-6, TNF-α e IFN-γ se correlacionan negativamente con el umbral de dolor a la presión (2). Sin embargo, todavía hay pocos estudios en los que se haya analizado los niveles de citocinas antinflamatorias como IL-4, IL-10 e IL-13 (1). Por otra parte, también se ha encontrado que pacientes con dolor lumbar crónico presentan niveles elevados de biomarcadores proinflamatorios como PCR, IL-6 y TNF-α, así como niveles reducidos del biomarcador antiinflamatorio IL-10 (3). En una revisión sistemática publicada en el año 2020, los autores encontraron evidencia que indica que los pacientes con dolor lumbar inespecífico en fase aguda presentan niveles elevados de PCR, mientras que los pacientes con dolor lumbar crónico inespecífico mostraban niveles elevados de TNF-α (4). Este patrón también se ha observado en el análisis aislado del TNF, donde Lasselin et al. (5) también identificaron diferencias significativas entre pacientes con dolor lumbar crónico y agudo. Sin embargo, los mismos autores de la revisión afirmaron que hay un número limitado de estudios de alta calidad, lo que limitó la conclusión de dicha revisión (4). Por otra parte, otro estudio publicado en el año 2022 observó que los pacientes con dolor crónico de tipo neuropático presentaban un aumento de los niveles de CCL5 y de TGF-β. Asimismo, los niveles de IL-4, aunque no se encontraban elevados en comparación con sujetos sanos, sí se correlacionaron con las puntuaciones de la intensidad de dolor (6). También en los trastornos temporomandibulares, los cuales se han asociado con hiperalgesia en zonas periféricas a la lesión, se han observado niveles aumentados de IL-1β, IL-6 y TNF en comparación con sujetos sanos (7). Con respecto a la PCR, una revisión publicada en el año 2021 indica que existe evidencia que respalda la asociación entre el dolor crónico y los niveles aumentados de dicha proteína, lo cual la convierten en uno de los marcadores más relevantes (7). 

Por otra parte, también se han estudiado biomarcadores potenciales como la sustancia P, ya que pueden ofrecer una información relevante sobre los mecanismos implicados en la generación y persistencia del dolor. Concretamente, en el estudio realizado por Tsilioni et al. en el año 2016 se observó que los pacientes con fibromialgia presentaban un nivel sérico de sustancia P elevado en comparación con sujetos sanos (8). Estos hallazgos sugieren que los factores inflamatorios pueden desempeñar un papel importante en el dolor crónico musculoesquelético. 

La genética también desempeña un papel importante en la susceptibilidad al dolor crónico musculoesquelético. La identificación de polimorfismos genéticos asociados con esta condición puede ayudar a personalizar los enfoques terapéuticos. En varias investigaciones se ha estudiado marcadores genéticos relacionados con la respuesta al dolor, la inflamación y la predisposición con el objetivo de comprender mejor la base genética del dolor crónico (9).  

Estos biomarcadores tienen gran importancia clínica para diferentes aspectos como el diagnóstico temprano, la estratificación de los pacientes, seguimiento de un tratamiento y desarrollo de nuevas terapias.  

En este contexto, diversos estudios han demostrado que la fisioterapia, y en concreto, el ejercicio terapéutico es capaz de modular la expresión de diferentes citocinas además de la percepción del dolor. Además, se ha observado que después de un programa de ejercicio, los niveles de IL-8, IFN-γ y PCR podrían disminuir de manera significativa (10). En otro estudio que se encuentra en consonancia con estos datos, muestra que, al concluir un programa de ejercicio aeróbico de 8 meses de duración, los monocitos de pacientes con fibromialgia tenían una disminución en la producción menor de TNF-α y mayor de IL-10. Además, este efecto antiinflamatorio del programa de ejercicio fue respaldado por una reducción en la concentración circulante de PCR (11). Además, el ejercicio hace que se secreten hormonas como las endorfinas, serotonina y oxitocina, las cuales tienen, a su vez, efectos analgésicos y antiinflamatorios (12). Esto es especialemente relevante ya que investigadores clínicos han realizado pruebas a pacientes de dolor crónico y han concluido que a menudo tienen niveles de endorfinas más bajos de lo normal en su líquido cefalorraquídeo (13). 

Otros autores respaldan la influencia positiva de otras terapias como la terapia conductual (14). Los resultados de este estudio indican que los pacientes con dolor crónico sufren una inflamación sistémica crónica de bajo grado ya que el incremento no está directamente relacionado con la inflamación intrínseca, como se observaría en enfermedades inflamatorias crónicas como la osteoartritis (OA) o la espondilitis anquilosante. Este aumento podría también estar relacionado con la presencia de comorbilidades como la depresión y/o la ansiedad, las cuales pueden contribuir a la liberación de citocinas proinflamatorias en pacientes que experimentan dolor crónico (7). Además, la terapia cognitivo-conductual parece ser efectiva para reducir los biomarcadores inflamatorios, lo que refleja beneficios positivos en los mecanismos tanto somáticos como psicosociales implicados en el proceso inflamatorio (14).

En conjunto, estos estudios proporcionan una visión integral de la compleja interacción entre citocinas proinflamatorias, marcadores moleculares y el dolor crónico, destacando la necesidad de abordajes terapéuticos que consideren tanto la inflamación intrínseca como los factores psicosociales asociados a esta condición.

Loles Sosa Reina

Fisioterapeuta y Miembro del Grupo de investigación en Dolor Musculoesquelético y Control Motor de la Universidad Europea

Bibliografía

1.         Hong-Baik I, Úbeda-D’Ocasar E, Cimadevilla-Fernández-Pola E, Jiménez-Díaz-Benito V, Hervás-Pérez JP. The Effects of Non-Pharmacological Interventions in Fibromyalgia: A Systematic Review and Metanalysis of Predominants Outcomes. Biomedicines. 24 de agosto de 2023;11(9):2367. 

2.         Ernberg M, Christidis N, Ghafouri B, Bileviciute-Ljungar I, Löfgren M, Bjersing J, et al. Plasma Cytokine Levels in Fibromyalgia and Their Response to 15 Weeks of Progressive Resistance Exercise or Relaxation Therapy. Mediators Inflamm. 18 de abril de 2018;2018:3985154. 

3.         Pinto EM, Neves JR, Laranjeira M, Reis J. The importance of inflammatory biomarkers in non-specific acute and chronic low back pain: a systematic review. Eur Spine J. septiembre de 2023;32(9):3230-44. 

4.         Morris P, Ali K, Merritt M, Pelletier J, Macedo LG. A systematic review of the role of inflammatory biomarkers in acute, subacute and chronic non-specific low back pain. BMC Musculoskeletal Disorders. 3 de marzo de 2020;21(1):142. 

5.         Lasselin J, Kemani MK, Kanstrup M, Olsson GL, Axelsson J, Andreasson A, et al. Low-grade inflammation may moderate the effect of behavioral treatment for chronic pain in adults. J Behav Med. 1 de octubre de 2016;39(5):916-24. 

6.         Sandy-Hindmarch O, Bennett DL, Wiberg A, Furniss D, Baskozos G, Schmid AB. Systemic inflammatory markers in neuropathic pain, nerve injury and recovery. Pain. 1 de marzo de 2022;163(3):526-37. 

7.         Crespo-Pardo L, Taboada-Iglesias Y, Crespo-Pardo L, Taboada-Iglesias Y. Mediadores inflamatorios: su relación con el dolor crónico y problemas asociados. Revisión bibliográfica. Revista de la Sociedad Española del Dolor. febrero de 2021;28(1):37-46. 

8.         Tsilioni I, Russell IJ, Stewart JM, Gleason RM, Theoharides TC. Neuropeptides CRH, SP, HK-1, and Inflammatory Cytokines IL-6 and TNF Are Increased in Serum of Patients with Fibromyalgia Syndrome, Implicating Mast Cells. J Pharmacol Exp Ther. marzo de 2016;356(3):664-72. 

9.         Montero AA, Vasconcelos SRP de. Genética y dolor: aproximación e implicaciones en la práctica clínica. Semergen. 1 de octubre de 2021;47(7):431-3. 

10.       Ortega E, García JJ, Bote ME, Martín-Cordero L, Escalante Y, Saavedra JM, et al. Exercise in fibromyalgia and related inflammatory disorders: known effects and unknown chances. Exerc Immunol Rev. 2009;15:42-65. 

11.       Ortega E, Bote ME, Giraldo E, García JJ. Aquatic exercise improves the monocyte pro- and anti-inflammatory cytokine production balance in fibromyalgia patients. Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sports. 2012;22(1):104-12. 

12.       Pérez Sánchez D. Ejercicio físico y beneficios psicobiológicos. 12 de diciembre de 2018 [citado 14 de diciembre de 2023]; Disponible en: http://dspace.umh.es/handle/11000/27161

13.       Dolor crónico | NINDS Español [Internet]. [citado 14 de diciembre de 2023]. Disponible en: https://espanol.ninds.nih.gov/es/trastornos/dolor-cronico

14.       Hysing EB, Smith L, Thulin M, Karlsten R, Bothelius K, Gordh T. Detection of systemic inflammation in severely impaired chronic pain patients and effects of a multimodal pain rehabilitation program. Scandinavian Journal of Pain. 1 de abril de 2019;19(2):235-44. 

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