Hasta hace un tiempo, no se le ha dado la importancia que deberían tener, la implicación de las cicatrices, en el dolor y en la calidad de vida de los pacientes, y sobre todo en aquellos que sufren de dolor persistente. Las cicatrices, más allá de la parte estética, pueden generar a la larga, adherencias y alteraciones de la sensibilidad, contribuyendo a la aparición de disfunciones y a la perpetuación de cuadros de dolor persistente.
Como sabemos, el proceso de cicatrización consta de varias fases (coagulación, inflamación, proliferación y maduración), que se superponen entre sí, y pudiendo llegar a durar hasta 2 años. Durante este proceso, se pueden producir alteraciones en el proceso de cicatrización, provocando que la generación de nuevo tejido, en concreto la producción de colágeno, se produzca de manera desorganizada y/o exagerada, causa de la sintomatología mencionada anteriormente que muchos pacientes presentan.
¿Pero qué pasa, cuando el paciente sufre de dolor crónico o persistente? Actualmente, sabemos que en procesos de dolor crónico va a existir alteraciones en el sistema nervioso, sistema inmune y hormonal. Pues bien, si partimos de un estado de neuroinflamación de base, el proceso de cicatrización es más posible que se vea alterado generando cicatrices patológicas y por lo tanto contribuyendo al proceso de sensibilización y de dolor en la cicatriz.
Algunos estudios, apuntan a que el dolor en las cicatrices, tiene características similares al dolor neuropático, y podrían estar causadas por una disbalance entre fibras peptidérgicas y no peptidérgicas en área. Además, por el aumento de densidad de tejido y la penetrabilidad de la fibrosis que se genera, puede causar una alteración en la distribución del tejido nervioso. En este proceso, la neuroinflamación podrías jugar también un papel importante en la estimulación de fibras peptidérigcas.
Por otro lado, el factor de crecimiento nervioso, desempeña un papel importante en el proceso de cicatrización y en la formación de las cicatrices, pero también sensibiliza las neuronas y promueve la inflamación, pudiendo liberar otros factores neurotróficos. Si la sensibilización es clara, podría generar molestias y dolor, tras la recuperación de la continuidad de la piel.
Por ello, es importante, abordar desde la fisioterapia el tratamiento de las cicatrices, de cara a restaurar la funcionalidad del tejido, mejorando la reorganización tisular, la sensibilidad y percepción de dolor del paciente. Entre las técnicas que han demostrado eficacia, contamos con la terapia manual, punción seca, la estimulación sensorial, el ejercicio terapéutico y técnicas de electroterapia como la neuromodulación y la diatermia. Aunque se necesitan más estudio al respecto, el tratamiento preoperatorio podría también disminuir el riesgo de complicaciones durante el periodo de cicatrización.
Melanie Fernández Lago
Integrante del grupo de Investigación en Dolor Musculoesquelético y Control Motor UE.
Bibliografía
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